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domingo, 24 de enero de 2010

“El único deber que tenemos con la historia es reescribirla” Oscar Wilde


Todos sucios pero satisfechos del colazón
cortesía de los Explorers del Sur


Ya lo decía Oscar Wilde: “El único deber que tenemos con la historia es reescribirla”.  Y así lo hicimos.   Y he aquí, de nuevo yo (TG),  tomando por asalto este espacio, en procura de traer, a aquellos que tuvimos la dicha de pedalear,  memorias recién cocinadas de un colazo de aquellos  épicos,  y al lector que no pudo acompañarnos, intentar llevar a su imaginación la efigie del mismo.

Solo se puede avanzar cuando se mira lejos, dijo en alguna oportunidad,  José Ortega y Gasset;  y así de lejos estaba nuestro primer objetivo. Una ascensión de aproximadamente 14 kilómetros nos separaba.

Al  desplazarnos sobre nuestra gorda;  sobre aquel aparato de dos ruedas que montamos con la ilusión de un niño, teníamos en mente conquistar, unos por primera vez, y otros, de nuevo,  el ascenso hacia Santa  María de Jesús.  En esta ocasión, gracias a DIOS nuestro creador, el clima fue generoso; templado y  sin el inclemente viento  que nos acompañó en  nuestra primera incursión, situación favorable que permitió una  conquista menos liada.

Y como la vida está llena de contrastes, la primera vez, trepé  en compañía de los expedicionarios, quienes  como en una especie de ritual de sucesión, fueron custodiándome tramo a tramo.  Primero fueron los escuintlecos, luego, Hilda y Ramiro,  y por último Luis Burbano, con quien sostuvimos una amena plática en los últimos 2 kilómetros  de ese recorrido.   En esta ocasión, la situación fue diametralmente opuesta. En las primeras de cambio  tomé la punta de la caravana, una situación inusual en mí, pero a los pocos metros de haber comenzado la ascensión, se armó la escaramuza.    Germán impuso el ritmo, relegándome a un segundo plano, a lo que reaccioné apretando dientes (ir hacia los piñones más pequeños) e incrementar la cadencia  en mi afán de  aguantar la envestida, hasta donde pudiera, pues conozco la gran capacidad para escalar de  este explorer.  También Wosbe, uno de los Sumpango  boys, ripostó. Venía pisando mi sombra y noté como envistió  súbitamente para conectar con Germán.  A escasos metros, por una situación que ignoro y me tiene en vilo, el puntero botó el paso, y sentenció: recto,  para guiar nuestro paso.   Wosbe emuló al explorer, quedándome nuevamente a la cabeza.   Metro a metro fui avanzando y sacando ventaja. Al voltear divisaba a Wosbe; un kilómetro después no veía a  nadie.  Boté el paso, pero nadie se apareció a mis espaldas; entonces decidí imprimir un paso más  fuerte.  Mi único acompañante fue el paraje del lugar.  Por mi mente se apareció la idea de esperar, pero con conocimiento de causa, sabía  que coronar el puerto estaba próximo y seguí.

Coroné. Me dirigí a la  Iglesia del lugar con el propósito de escuchar.  La misa estaba por terminar. El sacerdote se dirigía  a la feligresía con motivo de orientarla al respecto de la  ayuda a nuestros hermanos haitianos. Me dispuse a ir a la plaza, en donde después de 10 minutos de espera apareció  Fernando, atrás de él Joel.  Pasaron otros 10 minutos hasta que irrumpió el pelotón de los Sumpango boys.   Así fue transcurriendo el tiempo hasta que se reagrupo la totalidad de expedicionarios. Coronando y comiendo. Un paraíso culinario.  En el mercado la mayoría se dispuso a acariciar su paladar con algunas las exquisitas delicias de nuestro país.  Tortillas con queso; frijolitos volteados; chiles rellenos;  envuelto de pacaya; torta de huevo; chuchitos; tamalitos….yomi, yomi, yomi.   Infortunadamente, por cuestiones de salud, no pude probar más que el agua de mi ánfora.

A seguir.   El temible descenso para mí.   Aunque esta vez no caí, hubo un episodio en el casi me voy al suelo. Nervioso llegué a la explanada a las faldas del volcán de agua. Esperaba verlo en todo su esplendor,  pero el caprichoso paso de las nubes tapó su rostro, cual  bella doncella musulmana.

Luego, la ascensión técnica.  A estas alturas, el terreno escarpado ya había hecho mella en Sergio, quien daba su primer colazo desde hacía un mes.  Para este tramo, me ubiqué en la medianía.  Unos por delante, otros por detrás.  Escuchaba el incesante jadeo,  producto de escalar con la bicicleta puesta al lomo.   Llegamos  al segundo puerto, donde con gran expectativa esperábamos contemplar el lago de Amatitlán.   De nuevo, las nubes nos lo impidieron.

Dispusimos enfilar y encarar el descenso.   Una maravilla.   Un descenso rápido, con, que por momentos se tornó técnico, al son de los  ganchos; raíces;  gradas;  piedras;  polvo; hojarasca; y hasta bestias que subían al  desden de la órdenes de sus amos.    En  principio, iba por delante de Villaseca y los Sumpango boys, comandando,  disfrutando cada encuentro con el terreno accidentado.  Las suspensiones funcionaron de maravilla.  La stumpi, otrora catalogada como la mejor bicicleta para el ejercicio del XC, respondió.  Y como lo he leído en algunos foros especializados, sentía que iba bajando entre una nube de algodones.   Además,  ayudándome con mi pierna izquierda, la que para mí contradictoriamente llaman la siniestra, pues esa es mi pierna de apoyo,   logré sortear una serie de obstáculos que me permitían seguir allí adelante, pero cedí.  La presión ejercida fue brutal.  Y como no.  Detrás de mí venían unos obuses.    Y de nuevo las contradicciones.  A partir de ese momento me he vuelto a encontrar  solo, pero casi en el cierre del grupo.      Al final,  decidí  desacatarme de las ataduras de mi  miedo.  Me dejé ir, aunque ya en un terreno poco accidentado.  Calle ancha que permitía, con bastante facilidad,  posicionar la bici aquí o allá para sortear algunas complicaciones.   Algo sucedió.  Por momentos olvidé que los frenos existían y cuando caí en la cuenta de tal situación, en lugar de amedrentarme sentí satisfacción.    Esto me hizo reflexionar  y entender sobre lo que comentaba entre los tremos en mis primeras salidas: ustedes andan buscando descensos para quebrarse la cara.    Cada vez más voy entendiendo, y de hecho ahora también añoró, cuando no los hay, las complicaciones en una vereda  que nos lleve hacia abajo.

Y por ir cerrando, me perdí una variación a la ruta.  Un descenso con ganchos, que impone, como me lo dijo Fernando, una penalización de 10 kilómetros en asfalto.  Lástima, para la próxima será.

Este colazo estuvo engalanado por la presencia de los Sumpango boys y de los Antigua Boys.  Debo agregar de Carlos, Antigua Boy, que por un tramo prolongado tuvo las agallas de cabalgar su caballito de acero hacia abajo con problemas en el timón.

Finalmente, quiero hacer una felicitación a Tremo Gio, el rutero, quien terminó la peregrinación en bici hacia la ciudad de Esquipulas.  Mis respetos.

Atentamente TG o Tremo Wilde


y El próximo sábado rumbo a Tecpán  ssaaaaabbboooorrr en la montaña

Te invitamos a colaborar con esta noble causa

7 comentarios:

Wosquex dijo...

Todo el colazo Valió la Pena!!!.
Excelente muchachos!!!.
El descenso!!!! no hay palabras.

Simplemente excelente.
Saludos
Att. Wosbe
Ciclismo Sumpango

Jaime dijo...

Al día de hoy, comprendo porqué TG o ahora conocido como TW (Tremo Wilde) emulando al escritor irlandés, ha usado tan magnifica estética y logrando tal éxtasis para describir el épico trip. ya que no encuentro mejores palabras que las de TW para detallarlo. La ascensión al puerto de Santa María de Jesús en la cuál únicamente lo acompañó su sombra solamente es superada por por su narración.

y citándolo "Si el próximo domingo lo repiten, lo haría de nuevo"

Sergio dijo...

Amigos, que bien se la pasaron,, añoro esas salidas y colazos épicos,, jajaja; sin embargo también debemos deciarle tiempo a la familia, como es mi caso.

Y como ya lo comentaron, si lo repiten,, para allá voy!!! buscando donde quebrarme la cara!!! Jajaja, que Dios no lo quiera.

Spacheco.

Luis Burbano dijo...

Gracias Walter por deleitarnos con esos relatos, da gusto leer esas letras.

Esta vez me toca conformarme con el relato y las fotos, que también agradezco a Jaime. Pero no me quede sin hacer bici, sali con mi hija y José a hacer la Selva, haciendo la bajada por vereda, aproveche el hecho de ir con ellos dos solos, para darles algunas explicaciones en el descenso, las cuales Jose aprovecho muy bien. Es increible que una ruta tan tradicional, siga ofreciendo tanta adrenlina y emoción.

Felicidades a los que hicieron esta nueva edición de la Palin - Sta Maria.

Saludos.

Saludos.

Anónimo dijo...

ME TUVE QUE CONFORMAR CON SALIR DE MI CASA PARA LA ANTIGUA GUATEMALA... QUE DOLOOOORRRR !!

POR ALGUNOS COMPROMISOS ME TUVE QUE PERDER "OTRA VEZ" ESTE COLAZO... QUE ENVIDIA, PORQUE SE VE QUE SE LA PASARON SUPER BIEN, COMIERON EXCELENTE, Y GOZARON DE UN SUPER DESCENSO... YO GRACIAS A DIOS TAMBIEN TUVE UN BUEN FIN DE SEMANA PERO DE UNA FORMA DIFERENTE... PERO BUENO EN LA PROX ESPERO QUE SE ME DE..


SALUDOS COMO SIEMPRE DESDE GUATEMALA PARA TODO EL MUNDO--

ATT
TREMO KID
CARLOS FIGUEROA

Kerim dijo...

Y la historia se reescribiò, me perdí este fantástico colazo... otra vez... pero me alegra que ustedes se la hayan gozado, y para evidencia el gran relato y las excelentes fotos.

Me tocó ser testigo del acontecimiento épico del fin de semana, nuestros amigos, hermanos del pedal, Nelson y Pocas se echaron la hombrada de llegar a Esquipulas, mi más sincera felicitación a ellos y me siento orgulloso de pedalear con ellos y ustedes, y no precisamente por llegar, sino más que todo por disfrutarlo, así también a los demás amigos de El Club del Abuelo. No está demàs agradecer el apoyo de Ronald y Herman, y sin dejar atrás a Pablo, muchá, qué toque, qué apoyo.

Y entonces??? Nos vemos en Tecpán-Pana.

Mario dijo...

Que Buenisimo ese trip!