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Los Tremos somos un grupo de ciclomontañistas entusiastas y amistosos, activos durante todo el año, nos reunimos cada fin de semana con el unico objetivo de Compartir y Disfrutar un buen momento con los Amigos y la Naturaleza, recorriendo las montañas, cerros y veredas de Guatemala. Te esperamos.


domingo, 28 de marzo de 2010

Indudablemente, emergerán del baúl de los recuerdos, con mucha nostalgia y con ganas de resucitar viejas emociones, aquellas aventuras en bicicleta

Cuando comience a olvidar  a  montar la bici, incluso a caminar, pero aún tenga las capacidades para contar y recordar,  tendré un cúmulo de vivencias, historias y anécdotas que contar a mis nietos. 

Indudablemente, emergerán del baúl de los recuerdos,  con mucha nostalgia y con ganas de resucitar viejas emociones, aquellas aventuras en bicicleta, sobre todo como las de ayer domingo.    Hoy,  asalta a mi imaginación,   y como   en una especie de previsión para  estar con las botas puestas para tal evento, aunque lejano aún, lo que podría ser ese relato, que concreta el deseo de mi corazón:

Recuerdo, allá por el año 2010, una Guatemala convulsionada desde la perspectiva política, social  y económica. En lo político, el tercer poder, la prensa, destapaba, con bastante frecuencia, una serie de irregularidades en la gestión de la administración de aquella época.  Cómo en todos los gobiernos de Latinoamérica, de esa época, sin excepción alguna, la prensa ventilaba con  la sociedad civil,  escándalos asociadas hechos de corrupción.   Además, y como era lógica pensar, la atomización de personas en las áreas urbanas, desencadenaba  una serie de fenómenos sociales adversos, dentro de los que destacaba la inseguridad.  Los índices   que refieren  el avances en áreas  sociales, reportaban avances, pero aún hacia falta mucho por hacer.   En lo económico, un poco menos liada la cosa.   Después de dos años de una crisis financiera internacional,   que hecho por la borda los avances en materia económica de muchos países, a Guatemala,  no le fue del todo mal.  De hecho, esa era unas de las fortalezas de país.  La salud macroeconómica.   

A pesar de ese escenario negativo, el guatemalteco se las ingeniaba para pasársela bien.   Yo, como me disfrutaba los paseos dominicales en bicicleta.  Para mí eso era una válvula de escape ante tales acontecimientos,  que atentaba con mi  salud mental.

Afortunadamente, la generación de sus padres, parió una serie de movimientos cívicos, con una cauda de personas más comprometidas con el país, y políticos que han levantada una Guatemala, mucho menos violenta, con mayor salud macroeconómica, con inmensos avances en lo social, y rescatando el respeto al medio ambiente y a las tradiciones, que en mi tiempo, estaban muriendo.

Como si hubiese sido ayer, vienen a mi memoria aquellos colazos organizados por los Exploradores del Sur.  Buenísimos!!!  Tan buenos, que a pesar de quedar uno extenuado,  al terminar,  quedaba satisfacción;  la sensación de volver  a cabalgar por esos caminos.  Los comentarios que no faltaban, eran:  vengo fumigado, pero valió la pena.  Los  descensos!!!  Las vistas desde allá arriba!!!!  qué  más le podemos pedir a la vida!!!  De hecho, recuerdo, que algunas tiendas especializadas y clubes, organizaban  las famosas travesías.   Por ellas tenías que pagar.  Consistían en recorridos que retaban tus habilidades como mountain biker.   Pero los  colazos de los exploradores, sobrepasaban con creces  esas travesías, y lo mejor, no tenías que pagar un centavo por disfrutar de ellos. 


Uno de esos  se organizó para el domingo de ramos de aquel año.   Ese día nos acompañaron dos ciclomontañistas que no hacía mucho habían comenzado a practicar el deporte.  No se imaginaban, al igual que yo, lo duro y tupido que iba a estar la faena. 

Germán, uno de los Explorers,  nos había indicado que ascenderíamos hasta alcanzar  el Cerro Chino. Yo no tenía idea de a dónde íbamos.   Fuimos doce.   Sí, doce tremos. Yo no había contado, pero tremo foxy, así le decíamos, bueno le seguimos diciendo  a Sergio Valdez, así me lo indicó.   De esos doce, 2 eran damas.  
Eran dos reinas del mountain bike!!! dignas de quitarse el sombrero por que ascendían y descendían  con gallardía cuanto camino y vereda  que se les atravesara.  


Además engalanaban con su particular gracia femenina los colazos.    Partimos de Amatitlán.  Planeamos alrededor de 5 kilómetros, antes de internarnos en el ascenso.  Ahora, allí  hay pavimento, pero en aquellos tiempos, el camino estaba balastado, pero se podía rodar animadamente.  Allí se daba gusto uno andando emplatonado!!!.  Después de esos 5 kilómetros, atravesamos  una vereda que nos empujó a una carnicería.   Un ascenso descomunal!!!   Fueron unos 12 kilómetros para arriba.   Aunque los primeros de ellos, unos 2, eran asfaltados, fueron un preludio de aquella quijotesca faena.  

Yo traía problemas en la cadena.   Comenzando la ascensión, me había quedado trabado y cerraba el grupo.  Veía en lontananza, las figuras que ascendían pausadamente, tratando de imponerse, pero  poco tiempo después, descendían  irremediablemente de sus bicicletas para empujar.  Yo, por mi parte, decidí no bajar, y así fui, paulatinamente, dejando atrás a los integrantes de aquel grupo que se había desgranado por completo.  Al pasar al lado, observaba  el ya potenciado rictus propio de una ascensión.  Escuchaba, en unos, los hálitos  bastante ya congestionados,  que reflejaba  un   pulso cardiaco trastocado, mientras que en otros, los gemidos de esfuerzo cuando aplicaban a cada pedaleada,  la fuerza para mover aquel aparato sobre el que iban montados.    Esto se acentuó más, cuando salimos del asfalto e irrumpimos en terreno desnudo de ese material.  Como siempre, las irregularidades atetaban contra nuestra cadencia.   Por momentos nos veíamos atrancados.  El esfuerzo era mayor.  Hubo una parte que fue la más difícil de todas.    Alguien ya nos había anticipado lo complicado para salir de ella.  “no he visto a nadie que se la eché completa”, afirmó.   Ese día, siguió sin ver a ese alguien.   Estimo el desnivel era de unos 25-30 grados.  Lo más difícil era sortear   el ripio que recubría el terreno.    Yo veía como las llantas traseras, literalmente patinaban y echaban por la borda cualquier aspiración por imponerse.   

A mí particularmente, a mitad del ascenso, con las fuerzas y diezmadas, perdí el control  y  fui a dar una zanja que me llevó al suelo.  Luego, el solo hecho de subirse a la bici, era bastante complicado, no digamos el poner a moverla.    Y si esto fuera poco, una vez terminado ese primer ascenso, nos dirigimos a una tienda.  Repusimos fuerzas para enfrentar un nuevo ascenso.  También muy empinado.   La historia se repetía.  Las llantas se deslizaban y al tratar de sortear alguna traba  que era parte del repertorio de ese  terreno, la llanta delantera se levantaba, sí, la bicicleta hacia, involuntariamente, el caballito.   Para reestablecer el equilibrio era necesario ejercer más fuerza y cadencia.    Yo marchaba al límite.    Terminamos, para comenzar con un descenso que nos mostraría por que había valido la pena ese primer derroche de energía. 

Con la vista ensartada en ese pasaje  fui sorteando la piedra laja y el polvo.   Ya mis piernas y brazos resentidos no me permitían descender con más fluidez.     De repente, alce la vista.   La Laguna de Calderas frente a mí.   Paré para observar. Luego tomé el descenso, pero deje de clavar mi vista en el sendero, y por momentos, dejaba que la contemplación hiciera más excitante la bajada.    Caímos a la laguna.   Luego, algo más que subir.   A San Francisco de Sales.  Repusimos energías, y decidimos ir al Cerro Chino.   

Una hora de subida, dijeron los que ya conocían el trayecto.   Fueron más.   El ascenso era tendido y de poco desnivel.  Estimo que era, en promedio, del 7-8%.  Dado que estábamos ascendiendo al Volcan de Pacaya, ese camino estaba tapizado de arena volcánica, en donde las ruedas, verdaderamente quedaban atascadas.  Partes a pie, la mayoría pedaleando   Llegamos a la antesala del denominado “mirador”.   


Allí, comentaban, se veía el cráter del Pacaya  y gran parte de la costa sur del país.   Con suerte, veríamos al cráter expulsar lava.  Yo animado, sabía que en Hawai, por observar eso, cobraban unos 100 dólares, y aquí, 10 Quetzales y, según tenía noticias, hasta un podía interactuar con ese magma.    Decidimos algunos ir a explorar por allá.   Otros venían, ya diezmados y no le entraron.    Subimos, empujando. Con esfuerzo alcanzamos el mirador.  Allí nos envolvieron las nubes.  Nuestros cuerpos eran acariciados por la fresca bruma,  pero al mismo tiempo no permitieron que observáramos al Pacaya.   Ya, desanimados, por no poder verlo, decidimos iniciar el descenso.      En ese momentito, se despejó el ambiente y nos permitió ver por unos segundos el volcán.   En la primera parte del descenso, algunos hicieron las delicias de aquellos que a pie, venían descendiendo.  En una pendiente con una cama de arena volcánica de unos 25 cms., se dejaron ir.  Cuál patineta, se fueron deslizando por unos 200 metros.    Después, una vereda excelentísima.  Un rápido, con muchas gradas, y sin la presencia de aquella arena.   Los que iban delante de mí, volaron.   Yo disfruté encarando esas gradas.   Habían una seguidilla, que fue fantástico bajar por ella.   Que lujo patojos!!!!

Ese descenso nos llevó de nuevo a San Francisco de Sales.   Fuimos en busca del descenso que nos llevaría a nuestro punto de partida.  Habíamos salidos a las 7.30 horas, y para aquel momento, rayaban las 13 horas.   Animadamente  descendimos.  Primero un rápido, en el que caímos algunos.   Después, nos internamos a la vereda, que hacia 8 días habíamos ascendido.  Este tramo fue el de más adrenalina.  Vereda rápida, que por momentos nos servía rocas, gradas y troncos, y ponían a prueba toda nuestra atención..   Que monstruosidad de descenso.  Un placer enorme  cuando las suspensiones permitían que nuestras bicicletas fueran adoptando la forma del terreno por el que circulábamos.   Yo me sentía el más afortunado biker del mundo.  Cuando la bicicleta caía y se amoldaba en esos accidentes, la adrenalina permitía gozo, bienestar, y hasta era capaz de despertar sentimientos de poder. 

Finalizamos el ascenso.  Por donde iniciamos el ride, allí rodamos para  dar por terminada la aventura.   Llegamos al lugar de donde partimos para almorzar y aplacar la sed.   Terminamos a eso de las 15.30 horas.   Las personas que nos acompañaban terminaron el colazo.  En la mesa en la que tratábamos de matar la sed y el hambre,  se dio  reconocimiento a esa demostración de fuerza de voluntad.   ¡Felicitaciones por terminar el colazo!. 

Bueno patojos,  uno de estos días les cuento más historias en las montaña.  Espero les haya gustado, sino de plano, nel pastel.  Mejor me los llevo al cine!!!!!

TG

6 comentarios:

Sergio dijo...

Ese fue un buen día, para contar!!!
felicitaciones a la presencia femenina que engalana los colazos con su encantos y con su gran fuerza de voluntad, así como a los principantes; seguro de iniciaron con buen pie... éxitos a todos y que disfruten el descanso recordando el motivo.

spacheco

Luis Burbano dijo...

Que colazón jovenes, siempre he querido ir por esos lugares en bici, el descenso sin duda debe haber sido de primera. En esta ocación tenia que participar en las actividades del domingo de ramos, pero espero no perderme esa ruta la proxima vez.

Como siempre felicidades a nuestro tremo literato, un gusto leer esos realtos.

Saludos.

German dijo...

ufff,vaya faena la que resulto!!! por mi parte no pensaba terminarlo por mi malestar estomacal, pero gracias a las porras,los medicamentos de Oscar y la emocion que significa un trip al final sali bien librado, bueno! tambien influyo la presencia femenina esas ganas que le pusieron, motivanvan a cualquiera!!! gracias a todos por la compañia, feliz descanso y felicitaciones al tremo relator!

Ciclismo Sumpango dijo...

Qué Calidá de Colazo Muchachos!!!! Excelentes Fotos!!! y estuvo muy grata la compañía :D.

Buen relato... le hizo falta "No la piense... déjela ir... suelte los frenos!!!" como firma de TG.

Saludos!!!.
Att. Wosbe.

guinda dijo...

HOla a tod@s, inolvidable colazo, aun me estoy reponiendo de la molida que tengo, pero no me arrepiento ni un poquito de haber tenido el privilegio de acompanarlos, gracias a cada uno de ustedes por la paciencia y el apoyo.

Aun me falta, pero soy persistente y paciente, asi que seguramente van a seguir viendome.

Felicitaciones al excelente narrador y a los fotografos, se queda uno con mas ganas de fotos y de historia.

Un saludo especial a Dixie, mi companera de formula jajaja, estamos en contacto.....

Dixie Galvez dijo...

Holaaa...gracias por el saludito Ivonne....Arriba las mujeres!! jeje...seguimos en contacto. Un abrazo a todos...