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Los Tremos somos un grupo de ciclomontañistas entusiastas y amistosos, activos durante todo el año, nos reunimos cada fin de semana con el unico objetivo de Compartir y Disfrutar un buen momento con los Amigos y la Naturaleza, recorriendo las montañas, cerros y veredas de Guatemala. Te esperamos.


martes, 20 de julio de 2010

Buscando la estructura, así han denominado la ruta sus conquistadores

Después de ausentarme por algún tiempo del ride dominical, la ansiedad me hizo perder el control. El ritual de preparación parecía haber terminado con éxito y dejado cada cosa en su lugar exacto. Nada más alejado de la realidad. La billetera fue a parar al rincón del olvido. La ansiedad y la desesperación se hizo mayor cuando a mitad de camino se hizo evidente. Contra el tiempo, vuelvo; buscó, y caigo en la cuenta que el retorno fue casi innecesario. Los minutos pasaban y la desesperación hacia más estragos. Al estacionamiento al que fui a dar no había indicio de la presencia de alma alguna. Envuelto ya en un chubasco de aturdimiento alcanzo a ver un fulgor de esperanza que me devuelve la cordura y la ilusión, pues momentos antes, el ride era una pura utopía más que una realidad. 


En la ruta al estacionamiento correcto me fui encontrando con caras conocidas. El ride ya se había roto, y se descocían uno a uno los tremos. Yo por mi parte, deje que el acelerador del vehículo sitiera la rigurosa agitación de mi pie por empujar y jalar el pedal. Descargué como pude el vehículo birueda; la indumentaria para el efecto, en un proceso vertiginoso de jaloneos quedó en su lugar, aunque desalineada; eché a andar con rapidez la bicicleta, y con más agitación por el nerviosismo que por el esfuerzo físico, un par de kilómetros después alcanzaba al grupo. 

En esos primero kilómetros, rodando en solitario, pensaba en lo que nos tendría preparado el destino. El recuerdo me iba configurando las rutas del área y mi cabeza delineaba la preferida para ese día. Al encontrarme con el grupo supe que la elegida, ni remotamente había cruzado mis pensamientos. El par de ocasiones que la habíamos realizado alcanzaron para retenerla, pero apenas contaron para tenerla entre las candidatas.

Entrando en materia. Buscando la estructura, así han denominado la ruta sus conquistadores, nos encontramos con una rampa, que en principio, parece no tener gran dificultad, sin embargo, en la medida que avanza el trazado de adoquines, el gradiente se planta y se expresa violentamente. Los aproximadamente 30 grados que alcanza en un tramo no mayor de 500 metros son capaces de cortar la respiración y hacer estragos en las extremidades inferiores al escalador más experimentado; elevar abruptamente las pulsaciones al corazón más robusto, y hacer caer en la desesperación al más calmo. Ante tal escenario, el ritmo de cadencia progresivamente fue cediendo espacio al jadeo, que parecía hacer eco al encontrar sus replicas en los emitidos por cualquiera de los casi treinta ciclomontañistas, cuya escalada apenas comenzaba.


Una segunda rampa, a través de la que nos internamos en la montaña, desalineada totalmente por cuanto accidente la componía, con una dificultad magnificada por un terreno afectado por las intensas lluvias, fue intransitable por un significativo tramo. De los aproximadamente 3 kilómetros de ascenso en montaña, un 40 por ciento estuvo preparado para echar la bici a la espalda y hacer malabares con las piernas para guardar el equilibrio y avanzar. Las raíces de los árboles a flor de tierra, mojadas y recubiertas con musgo, simplemente no dieron visa a los neumáticos, y ejercieron una fuerte resistencia a las suelas del calzado. Del mismo modo, la humedad que había permeado el terreno, causaba pequeños hundimientos de los cuales, las suspensiones fueron incapaces de sortear dada la velocidad de ascensión. El restante 60 por ciento, transitable, puso a prueba la técnica para maniobrar. Con el afán de no echar pie a tierra, el equilibrio fue sintonizado con la mayor fidelidad, acomodando el cuerpo en su lugar más exacto para jugar coordinadamente con el centro de gravedad; la pedalada en el momento exacto, sin apremio, mas bien razonada; calculada fríamente. Finalmente nos encontramos con la estructura. El ascenso más rudo había quedado atrás.


De la estructura partiríamos hacia Santiago Sacatepéquez. Un descenso de unos 4 kilómetros, que de nuevo, por el terreno húmedo, exigían plena concentración. En el primero de ellos, la complicación consistió en la densa vegetación que no dejaba ver más allá. De repente nos veíamos sumergidos en baches cuya exigencia no era mayor a no ser por la sorpresa. En algunos casos cobraron caídas sin consecuencias. En los dos siguientes kilómetros la vegetación fue desapareciendo. La vereda al descubierto, húmeda, encharcada, y por ello resbalosa, representaba un reto mayor y el incremento en el flujo de adrenalina. 

Con las llantas totalmente enlodadas, la tracción era nula, con lo cual el tránsito por baches, hundimientos, zanjas, raíces, rocas, y charcos, demandaba extremo cuidado. En esos términos, la frenada debía ser y estar en el momento apropiado para evitar cualquier percance. Los más aventurados, realizaron el trayecto articulados a la birueda. Lo más cautos, prefirieron llevarla de la mano en los trayectos más complicados, y otros queriendo emular a los primeros, lo intentaron ayudando a mantener el equilibrio y sorteando las irregularidades con una de las piernas erigida en una tercera rueda. El último kilómetro, el más emocionante; un rápido, en donde la humedad parecía haberse desvanecido. Las irregularidades no eran tan marcadas y la pendiente se profundizaba en algunos tramos. Fue el momento en el que había que dejarse ir y disfrutar a pleno el descenso. Ya en Santiago, algunos decidieron partir para la Antigua Guatemala, otros, retornamos. 

A DIOS gracias el ride, tanto para los que retornamos prematuramente como para los que decidieron ir a la ciudad colonial, terminó sin novedad. Sin embargo, no fue así para Tremo Gio quien la semana pasada en un momento de excitante adrenalina no pudo controlar su caballito de acero con la cauda de una costilla rota y para el Club del Abuelo, Roger Gutiérrez, el Abuelo; quien fue atropellado el sábado recién pasado. A los dos, quienes seguramente nos leen, deseamos su pronta recuperación.

TG

1 comentario:

Lickes dijo...

Que viaje tan totalmente inclusive, resulta inverosimil dudar cualquier incertidumbre palpable en la grafología del relato. Se embriagan las lineas de tan culta e ipsofacta redacción y lexico tan heterogéneo.

Osease: ¡¡Que inspiración compadre!!, ni el diccionario de la rial academia tiene un palabreriyo tan variado.