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Los Tremos somos un grupo de ciclomontañistas entusiastas y amistosos, activos durante todo el año, nos reunimos cada fin de semana con el unico objetivo de Compartir y Disfrutar un buen momento con los Amigos y la Naturaleza, recorriendo las montañas, cerros y veredas de Guatemala. Te esperamos.


miércoles, 5 de enero de 2011

Primer Colazo 2011

Las ansias por estrenar el año e iniciar con una muy buena meta el 2011 hacían que nuestras expectativas para este nuevo colazo fueran bastante altas, con los ánimos y la espera del 2011. El punto de reunión en esta ocasión fue en Ciudad San Cristóbal, aqui iniciamos el colazo contentos de ver y saludar a nuestros amigos, deseando lo mejor para estas fechas.

Iniciamos con muchas ganas, desde burger por todo el bulevar, poco a poco fuimos ascendiendo y nos encontramos con unos amigos quienes se unieron a pedalear con nosotros. Saliendo de San Cristóbal, buscamos una de las rutas más conocidas por todos, la carretera que conduce a San Lucas, es una cuesta con la que muchos hemos sufrido en algún momento, el grupo fue ascendiendo a un ritmo muy bueno, unos cuantos amigos ruteros se daban lujo y nos pasaban, pero animosos nos alentaban a no desesperar, pagando todavía los excesos navideños pasaba por la mente que sería otro colazo fuerte, en el cual terminaríamos muy agotados, en eso una gran amiga, nos paso en su automóvil, saludando echándonos porras para no desesperar, esos animos hicieron muy placentera la subida, la distracción ayuda bastante en rutas muy largas. Al finalizar la cuesta de San Lucas, nos reunimos en la entrada del cerro Alux, ahí no paso mucho tiempo para que el grupo completo se juntara, esperándonos con una gran sonrisa, Oliver, Byron y Pavel, nos ya se encontraban en el lugar para saludarnos.



El Grupo se hacía más grande y por supuesto, más alegre. Continuamos el recorrido, y el esfuerzo para subir tenía que ser mayor, la cuesta de unos 3 o 4 kilómetros parecía no sentirse tanto, el clima fresco, el viento y los arboles del paisaje nos mantenían motivados, de a poquitos nos fuimos reuniendo en la cima, ahí las platicas y chistes no podían faltar, y curiosamente hasta reuniones familiares se llegaron a tener en el lugar. Los amigos que encontramos en el camino de San Cristóbal, nos propusieron un descenso muy curioso, así ingresamos a un terreno con un descenso un poco considerable, por el mismo desconocimiento de la ruta, tomamos nuestras precauciones, y nos separamos un poco para evitar encontronazos en las bajadas, el camino húmedo entre arboles y raíces tenían su grado de técnica. Contentos por el camino, los que quedamos un poco atrás perdimos la ruta a seguir, por lo que ingresamos por error en otros caminos que se nos cruzaban por suerte eran tantos los caminos que se cruzaban entre sí varias veces. Logramos ubicar al grupo, pero con tantos arbustos era casi imposible saber por qué camino seguir, por suerte guiándonos por las vagas marcas de las llantas y los gritos de ubicación de los demás, nos encontramos en punto donde iniciaba un descenso lleno de raíces y gradas, ahí con mucha técnica los más aguerridos se dieron gusto descendiendo, los aplausos y elogios de los que ya se encontraban abajo observando animaban esforzarse un poco mas y así esto nos alentaba a quitarnos el miedo, de completar el camino.


Seguimos el recorrido entre una calle ancha en un descenso leve hacia San Lucas, salimos entre unas casas, y descansamos un poco en una de las pequeñas tiendas que da una de las canchas fútbol que habitualmente pasamos en los colazos de San Lucas, ahí nos rehidratamos y contentamos nuestros estómagos con las delicias típicas que a los Tremos tanto nos gustan. Para el tiempo que llevábamos el grupo se sentía animado, así que continuamos en busca del resbaladero de San Lucas, la ya conocida cuesta adoquinada que hacia un par de años atrás era completamente de tierra, nos puso a sudar un poco, la técnica de echar el cuerpo completamente hacia adelante era la única que nos permitía subir pedaleando si no, nos veríamos en dificultades y perderíamos el impulso que llevábamos para subir. El recorrido aparentemente fácil, nos llevaba poco a poco hacia el resbaladero, desde lo alto, la intimidante bajada nos daba en que pensar, el ver las técnicas de los más avanzados, nos llenaban de coraje, así que sin pensarlo, desconociendo en que nos toparíamos en la prolongada cuesta giramos para tomar de frente la bajada y superar nuestros miedos, los frenos casi a tope, se sentían que no daban mayor ayuda, solo unos pocos se detuvieron en el trayecto siempre tomando sus precauciones y así caminaron hasta la salida.



Ya reagrupados sobre la calle ancha, algunos de nuestros amigos, decidieron partir y tomar su camino de regreso, pero con la satisfacción de haber realizado un buen colazo, nos separamos en dos grupos, despidiéndonos con un fuerte apretón de manos, esperando vernos en las muchas próximas aventuras que nos traerá el año. Seguimos el recorrido buscando la vereda que nos conduciría hacia la famosa cuesta denominada “Sala de Partos” en el trayecto atravesamos un pequeño arrollo que a poco menos de unos metros terminaba en una gran cascada, para no mojarnos un poco saltamos por la orilla, ahí nuestro compañerismo se daba a mostrar, entre todos, ayudándonos a cruzar el tan complicado paisaje pasamos con nuestras compañeras metálicas. El camino que seguimos estaba muy cortado contra el barranco, las lluvias del año van socavando la tierra y además la vegetación del lugar se encontraba muy densa y retrasaba nuestro pedalear. Salimos a la carretera, donde nos reunimos e iniciamos el último ascenso, desde aquí un tramo de unos 3 o 4 kilómetros, en la denominada “Sala de Partos”, la inclinación de este lugar es considerable, sin embargo con un poco de esfuerzo logramos llegar a las carrileras que conducen a la entrada de la Tinco, desde aquí nos reunimos para descansar un poco del ascenso, al paso que llevábamos se sentía cansado por lo que nos adentramos en un corto descenso entre una vereda a la cual había que tenerle cuidado ya que entre las hojas tiradas en el camino ocultaban una zanja que por desgracia, cobro la caída de un amigo naranja quetzal. Adentrándonos mas, en bosque, fuimos en busca del resbaladero de la Tinco, una bajada totalmente intimidante, a solo quienes realmente confían en su caballito de acero, se dan el lujo de descender con mucha precisión, la inclinación es de temer, y la velocidad que se adquiere desde la cima complica los giros para evitar los arboles, al final del descenso una quebrada de aproximadamente metro y medio, marca el final del extremo camino, muchos hicieron el recorrido completo sin embargo la quebrada es de temer, y unos pocos preferimos seguir mejorando las técnicas, antes de lanzarnos tomando nuestras precauciones.


Nuevamente, la desafiante salida de Tinco, un camino casi de otro mundo, entre piedras y piedra, nos aventuramos a cruzar por las subidas y bajas, este camino es de por si uno de los más extremos en los que hemos pasado, se requiere de técnica para no caer y los sentidos al límite para pasar entre las piedras y hoyos que tapizan el recorrido sin embargo los resbalones a veces se hacen inevitables, Tremo Hector tuvo un altercado y unos raspones se gano en la caída, por suerte, nada sin lamentar continuo con singular optimismo. Al lograr salir del complicado camino, descansamos unos cuantos minutos luego del cruce del rio, ahí contentos de haber completado un buen colazo en tan excelente día, bromeamos un poco, al iniciar el camino de regreso a nuestro punto de reunión, nos percatamos de un pinchazo, Tremo Foxy nuevamente con dificultades técnicas, fue auxiliado rápidamente por un amigo mecánico, pero Foxy con una alegre cara le dice, “CHISH MI BICI” en ese momento me enseño que un Tremo debe de estar preparado para poder arreglar todo tipo de situaciones en la montaña, una muy valiosa lección del maestro, en lo que se hacían las reparaciones correspondientes, descansamos un poco más, platicando, y riendo pasamos un rato muy agradable. Finalizamos las reparaciones y continuamos nuestro recorrido, nuevamente al salir, otro desperfecto en una bici amiga, rápidamente Checha se ofreció a ayudar a Hector en un desperfecto ya más complicado, también hay que reconocer, que los amigos te echan la mano cuando más lo necesitas, y en la montaña es una lección muy importante que hay que aprender; Como un rayo logro corregir parcialmente el problema y así seguimos nuestro camino de regreso a San Cristóbal, nuevamente la rápida bajada de San Cristóbal, pone los sentidos de punta, ya que pueda parecer sencilla sin embargo esta tiene sus lugares técnicos a los cuales hay que tenerle respeto. Satisfechos de un excelente colazo nos despedimos al final del bulevar ahí unos tomaron el camino de regreso a sus hogares, y otros aprovecharon y se dieron gusto con una deliciosa pizza, en verdad un lujo de colazo, en cual le damos la bienvenida a un nuevo año, lleno de nuevas aventuras y muchos retos.



Feliz Año 2011
Pancho.

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